lunes, 18 de octubre de 2010

Judith Butler, Mecanismos psíquicos de poder

Judith Butler, Mecanismos psíquicos de poder.-

La sujeción es el proceso de devenir subordinado al poder, así como el proceso de devenir sujeto. Ya sea a través de la interpelación, en el sentido de Althusser, o a través de la productividad discursiva, en el sentido de Foucault, el sujeto se inicia mediante una sumisión primaria al poder. Aunque Foucault es consciente de la ambivalencia no desarrolla los mecanismos específicos por los cuales el sujeto se forma en la sumisión. Su teoría no sólo no otorga mucho protagonismo al ámbito de la psique, sino que tampoco explora el poder en esta doble valencia de subordinación y producción.

Si la sumisión es una condición de la sujeción, resulta pertinente preguntar: ¿Cuál es la forma psíquica que adopta el poder? Un proyecto de estas características nos obliga a elaborar una teoría de la psique para acompañar a la teoría de poder, tarea que los autores adscritos tanto a la ortodoxia foucaultiana como a la psicoanalítica han eludido.

El proyecto no empieza ni termina con Freud o Foucault; el problema de la sujeción, de cómo el sujeto se forma en la subordinación, es abordado en la sección de la Fenomenología del espíritu donde Hegel describe el acercamiento a la libertad por parte del esclavo y su decepcionante caída en la “conciencia desventurada”. El amo, quien al principio parece ser “externo” al esclavo, reemerge como la propia conciencia de éste. La desventura de la conciencia emergente es su propia autocensura, el efecto de la transmutación del amo en realidad psíquica. Las automortificaciones que pretenden corregir la insistente corporeidad de la autoconciencia instituyen la mala conciencia.
Esta figura de la conciencia vuelta sobre sí misma prefigura la descripción de Nietzsche, en La genealogía de la moral, del proceso por el cual la represión y la regulación generan los fenómenos superpuestos de la conciencia y la mala conciencia, y de cómo estos últimos se vuelen esenciales para la formación, la persistencia y la continuidad del sujeto.
En todos los casos, el poder que en un principio aparece como externo, presionado sobre el sujeto, presionado al sujeto a la subordinación, asume una forma psíquica que constituye la identidad del sujeto.

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La idea de que el sujeto está apasionadamente apegado a su propia subordinación ha sido invocada cínicamente por quienes intentan desacreditar las reivindicaciones de los subordinados. El razonamiento es el siguiente: si se puede demostrar que el sujeto persigue o sustenta su estatuto subordinado quizás resida en él mismo. Por encima y en contra de esta visión, yo argumentaría que el apego al sometimiento es producto de los manejos de poder, y que el funcionamiento del poder se transparenta parcialmente en este efecto psíquico, el cual constituye una de sus producciones más insidiosas.

Si, siguiendo a Nietzsche, aceptamos que el sujeto es formado por una voluntad que se vuelve sobre sí misma, adoptando una forma reflexiva, entonces el sujeto sería la modalidad del poder que se vuelve contra sí mismo; el sujeto sería el efecto del poder en repliegue.

Si aceptamos que la sujeción es al mismo tiempo subordinación y devenir del sujeto, entonces, en tanto que subordinación, el poder sería un conjunto de condiciones que precede al sujeto, ocasionándolo y subordinándolo desde fuera. Esta formulación falla, sin embargo, cuando consideramos que no existe un sujeto con anterioridad a este efecto. El poder no sólo actúa sobre (acts on) el sujeto, sino que actúa (enacts) al sujeto, en sentido transitivo, otorgándole existencia. En tanto que condición, el poder precede al sujeto. Sin embargo, pierde su apariencia de prioridad al ser ejercido por el sujeto, que es algo que los sujetos efectúan. Una condición no puede habilitar o estatuir (enact) sin hacerse presente. Puesto que el Poder no está intacto con anterioridad al sujeto, la apariencia de su prioridad desaparece conforme actúa sobre el sujeto y éste es inaugirado (y derivado) por la inversión temporal en el horizonte del poder. En tanto que potencia del sujeto, el poder asume su dimensión temporal presente.

El poder que opera en el sometimiento se manifiesta, por tanto, en dos modalidades temporales sin común medida entre sí: en primer lugar, como algo que es siempre anterior al sujeto, está fuera de él y en funcionamiento desde el principio; en segundo lugar, como efecto voluntario del sujeto. Esta segunda modalidad encierra al menos dos series de significados: como efecto voluntario del sujeto, el sometimiento es subordinación que el sujeto se provoca a sí mismo; al mismo tiempo, si produce al sujeto y éste es condición previa de la potencia, entonces el sometimiento es el proceso por el cual el sujeto se convierte en garante de su propia resistencia y oposición. Ya sea que concibamos el poder como anterior al sujeto o como efecto instrumental del mismo, la vacilación entre sus dos modalidades temporales (antes y despues del sujeto) ha marcado la mayoría de los debates en torno al sujeto y el problema de la potencia.

Muchas conversaciones sobre el tema se han quedado atascadas en la duda de si el sujeto es la condición o el punto muerto de la potencia. De hecho, estos dos dilemas han llevado a muchos a considerar el problema del sujeto como un obstáculo insalvable en la teoría social. Opino que parte de la dificultad reside en el hecho de que el sujeto es él mismo un lugar de la ambivalencia, puesto que emerge simultáneamente como efecto de un poder anterior y como condición de posibilidad de una forma de potencia radicalmente condicionada. Cualquier teoría del sujeto debe tomar en cuenta la plena ambivalencia de las condiciones de su funcionamiento.

No se puede hacer, por así decir, ninguna transición conceptual entre el poder como algo externo al sujeto, “actuante sobre” él, y el poder como algo constitutivo del sujeto “actuado por” él. Lo que podríamos esperar a modo de transición es, en realidad, una escisión y una inversión constitutivas del sujeto mismo. El poder actúa sobre el sujeto mediante una actuación (acting) que es también una promulgación (enacting): cuando intentamos distinguir entre el poder que actúa (transitivamente -enacts- al sujeto y el poder puesto en práctica (enacted) por éste, es decir, entre el poder que forma al sujeto y el “propio” poder de éste, surge una ambigüedad irresoluble. ¿Qué o quién realiza este proceso (enacting) aquí? ¿Se trata de un poder anterior al sujeto o del poder del sujeto mismo? En algún momento se produce una inversión y una ocultación, y el poder emerge como algo que pertenece exclusivamente al sujeto (por lo cual éste deja de parecer el resultado de una operación previa del poder).
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El hecho de que la potencia esté comprometida en la subordinación no es señal de una inevitable contradicción interna en el núcleo del sujeto ni, por consiguiente, una prueba adicional de su carácter permicioso u obsoleto. Pero tampoco permite restaurar una visión prístina del sujeto derivada de formulaciones liberales-humanistas clásicas, donde la potencia aparece siempre, y exclusivamente en oposición al poder. La primera de estas visiones caracteriza las formas políticamente farisaicas de fatalismo; la segunda, las formas ingenuas de optimismo político. Intentaré no caer en ninguna de estas alternativas.

Así o bien se considera que las formas de dominación capitalista o simbólica son tales que nuestros actos están ya siempre “domesticados” a priori” o bien se ofrecen una serie de ideas generalizadas y atemporales sobre el carácter aporético de todos los movimientos dirigidos al futuro.

También se podría pensar que el sujeto deriva su potencia precisamente del poder al que se opone, aunque ello resulte incómodo y vergonzante, sobre todo para quienes piensan que la complicidad y la ambivalencia deberían poder suprimirse de una vez para siempre. Si el sujeto no está completamente determinado por el poder ni tampoco determina completamente al poder (sino que, de modo significativo, ambas cosas ocurren parcialmente), ello significa que supera la lógica de la no-contradicción, que se convierte, por así decir, en una excrecencia lógica. Afirmar que el sujeto supera la dicotomía “o/o” no es afirmar que viva en una zona libre de su propia creación. Superar no es lo mismo que burlar, y el sujeto supera precisamente aquello a lo que está atado. En este sentido, le es imposible disipar la ambivalencia que lo constituye. La dolorosa, dinámica y prometedora vacilación entre el “ya” y el “aún no” es una encrucijada que religa cada uno de los pasos que la atraviesan, una reiterada ambivalencia en el centro mismo de la potencia.

El poder rearticulado se re-articula en el sentido de que está ya hecho, y en el sentido de que se rehace, se hace de nuevo, se hace desde cero.

Lo que queda por considerar es: a) cómo se relaciona la formación del sujeto con la formación reguladora de la psique, incluyendo cómo podemos religar el discurso del poder con el discurso del psicoanálisis; y b) cómo podemos conseguir que esta concepción del sujeto sea eficaz como noción de potencia política en una época postliberatoria.
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Para destacar que los abusos de poder son reales, y no una creación o fantasía del sujeto, a menudo se proyecta el poder como algo inequívocamente externo al sujeto, algo que le es impuesto contra su voluntad. Pero si la producción misma del sujeto y la formación de su voluntad son consecuencia de una subordinación primaria, entonces es inevitable que el sujeto sea vulnerable a un poder que no ha creado. Esta vulnerabilidad permite definir el sujeto como un tipo de ser explotable. Si nos hemos de oponer a los abusos de poder (lo cual no significa oponerse al poder mismo), antes debemos determinar en qué consiste nuestra vulnerabilidad ante ellos. El hecho de que los sujetos se constituyan en una vulnerabilidad primaria no exonera los abusos que padecen; por el contrario, muestra de manera nítida cuán fundamental puede ser la vulnerabilidad.

¿Cómo es posible que el sujeto sea un tipo de ser al que se puede explotar, el cual, en virtud de su propia formación, es vulnerable a la subyugación? Obligado a buscar el reconocimiento de su propia existencia en categorías, términos y nombres que no ha creado, el sujeto busca los signos de su existencia fuera de sí, en un discurso que es al mismo tiempo dominante e indiferente. Las categorías sociales conllevan simultáneamente subordinación y existencia. En otras palabras, dentro del sometimiento el precio de la existencia es la subordinación. Precisamente cuando la elección se vuelve imposible, el sujeto persigue la subordinación como promesa de existencia. Esta búsqueda no es una elección, pero tampoco una necesidad. El sometimiento explota el deseo por la existencia, que siempre es conferida desde fuera; impone una vulnerabilidad primaria ante el Otro como condición para alcanzar el ser.


La asunción de condiciones de poder que uno/a no ha creado pero ante las cuales es vulnerable, de las cuales depende para su existencia, parece apuntar a un sometimiento banal como base para la formación del sujeto. Sin embargo, la “asunción” del poder no es un proceso sencillo, puesto que el poder no se reproduce de manera mecánica al ser asumido. Por el contrario, al ser asumido corre el riesgo de asumir una forma y una dirección distintas. Si las condiciones del poder no producen unilateralmente a los sujetos, ¿cuál es entonces la forma temporal y lógica que adopta la asunción del poder?
Es preciso redefinir el ámbito del sometimiento psíquico para clarificar la manera como el poder social produce ciertas modalidades de reflexividad al tiempo que limita las formas de socialidad. En otras palabras, en la medida en que operan como fenómenos psíquicos, restringiendo y produciendo el deseo, las normas rigen también la formación del sujeto y circunscriben el ámbito de la socialidad vivible. El funcionamiento psíquico de la norma ofrece al poder regulador un camino más insidioso que la coerción explícita, cuyo éxito permite su funcionamiento tácito dentro de lo social. Y, sin embargo, al ser algo psíquico, la norma no se limita a restituir el poder social, sino que se vuelve formativa y vulnerable de modo altamente específico. Las categorizaciones sociales que determinan la vulnerabilidad del sujeto ante el lenguaje son ellas mismas vulnerables al cambio psíquico e histórico. Esta visión se opone a las teorías que postulan la existencia de una normatividad psíquica o lingüística (como en algunas versiones de lo simbólico) anterior a lo social o que impone limitaciones a lo social. Del mismo modo que el sujeto se deriva de condiciones de poder que lo preceden, el funcionamiento psíquico de la norma se deriva, si bien no de manera mecánica o predecible, de operaciones sociales anteriores.

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viernes, 15 de octubre de 2010

Melanie Klein

Melanie Klein

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Melanie Klein (Viena; 30 de marzo de 1882 - Londres; 22 de septiembre de 1960); psicoanalista austriaca y creadora de una teoría del funcionamiento psíquico. Hizo importantes contribuciones sobre el desarrollo infantil desde la teoría psicoanalítica y fundó la escuela inglesa del Psicoanálisis.
Contenido [ocultar]
1 Biografía
1.1 Estudios
1.2 Familia
1.3 Dedicación al Psicoanálisis
1.4 Aportación teórica
1.5 Fallecimiento
2 Obras completas
3 Véase también
4 Referencias
5 Bibliografía
6 Enlaces externos
[editar]Biografía

Melanie Reizes (quien luego adoptara el apellido Klein) nació el 30 de marzo de 1882 en Viena. Su padre, Moriz Reizes, pertenecía a una sencilla familia judía muy religiosa, residente en Lvov, en esa época parte del imperio austro-húngaro, actualmente parte de Ucrania. Estaba destinado a ser rabino y a casarse con una joven elegida por sus padres, a la que no conoció antes de la boda. A pesar de esto, siguió la carrera de Medicina, al finalizar la cual rompió con la tradición ortodoxa; era un hombre culto, que hablaba diez idiomas. Comenzó el ejercicio de su profesión, y a los 37 años, se divorció de su primera esposa. Tres años después conoció, en Viena, a Libussa Deutsch, mucho menor que él. Esta pertenecía a una familia culta, en la cual tanto el padre como el abuelo eran rabinos. Libussa y Moriz se casaron en 1875 y se establecieron en Deutsch-Krentz. En 1876 nació Emilie, en 1877 Emanuel y al año siguiente, Sidonie. La familia se trasladó a Viena, donde nace Melanie en 1882. Moriz se dedica a la odontología y su esposa abre un negocio de venta de plantas, al que atiende hasta 1907. En 1886 muere Sidonie, de escrófula (variante de la tuberculosis), a los cuatro años de Melanie. Sidonie la había iniciado en la lectura y la matemática.
[editar]Estudios
Su hermano Emanuel apoya a Melanie cuando, a los catorce años, decide estudiar Medicina (Psiquiatría) y la prepara en su ingreso al Gimnasium de Viena.
A los 17 años Melanie Reizes se compromete con Arthur Stevan Klein, un químico industrial de 21 años, amigo de Emanuel.En esta época abandona la idea de estudiar Medicina y asiste a cursos de historia y de arte en la Universidad de Viena.
A principios de 1900 muere su padre, Moriz Reizes, y a fin de ese año Emilie se casa con el médico Leo Pick. Emilie morirá en Londres en 1940.
En diciembre de 1902, Emanuel, quien hacia años estaba enfermo de fiebre reumatoidea, muere en Génova. Su relación con su hermana menor era muy estrecha y compleja.
[editar]Familia
Melanie se casa el 31 de marzo de 1903, con 21 años recién cumplidos. Durante los cuatro años de compromiso han estado mucho tiempo separados, a causa de los estudios de Arthur. Se establecen en Rosenberg (Hungría) y al año siguiente nace Melitta. En 1906 nace Hans y un año después se trasladan a Kappitz, un pequeño pueblo, a causa del trabajo de Arthur. Melanie Klein aparece afectada por un fuerte y prolongado estado depresivo, ante lo cual su esposo consigue un traslado a Budapest en 1910. En 1913 Ernest Jones regresa a Europa y es analizado por Sándor Ferenczi, ese mismo año funda la Sociedad Psicoanalítica de Londres. El 1º de julio de 1914 nace Erich. A fines de ese año muere Libussa, quien poseía una fuerte influencia sobre Melanie. Esto agrava su depresión e inicia su análisis con Ferenczi, interesándose además en los escritos de Sigmund Freud acerca de los sueños. Tanto Ferenczi como Arthur Klein se incorporan al ejército austro-húngaro y en 1916 el esposo de Melanie regresa como inválido de guerra, herido en una pierna. El matrimonio enfrenta graves dificultades.
[editar]Dedicación al Psicoanálisis
En 1918 asiste al 5º Congreso Psicoanalítico Internacional, con la presidencia de Ferenczi, en el que Freud lee "Lines of Advances in Psychoanalytic Therapy". Este Congreso realizado en tiempos de guerra causa una fuerte impresión en Klein y, según ella misma recuerda: "esa impresión fortaleció mi deseo de dedicarme al psicoanálisis.
Durante el análisis con Ferenczi, éste me llamó la atención acerca de mis grandes dotes para comprender a los niños y de mi interés en ellos y alentó mucho mi idea de dedicarme al análisis de niños. (...) No he visto (...) que la educación pudiera cubrir la totalidad de la comprensión de la personalidad y que, por lo tanto, tenga la influencia que uno desearía que tuviera. Siempre sentí que detrás había algo que nunca llegue a percibir."
Ferenczi la asigna como asistente de Anton von Freund en la tarea de organizar la enseñanza del psicoanálisis en la Sociedad de Investigación Infantil.
En 1919 Jones reorganiza la Sociedad Británica de Psicoanálisis. En julio de ese año Klein expone su primer trabajo, "Der Familienroman in statu nascendi" (publicado en 1920 en I.Z.P.) por el cual es aceptada como miembro de la Sociedad Psicoanalítica Húngara, la cual estaba en un período de intensa actividad bajo la presidencia de Ferenczi.
Al poco tiempo la posición de los profesionales judíos residentes en Budapest se ve muy afectada por la situación política de posguerra. Arthur Klein no puede continuar su trabajo y se traslada a Suecia, obteniendo posteriormente la ciudadanía sueca.
Melanie Klein se traslada junto a sus hijos a Eslovaquia, donde permanece un año en casa de sus suegros.
Asiste en 1920 al 6º Congreso Psicoanalítico Internacional, en La Haya. Conoce a Hermine von Hug-Hellmuth, quien lee su trabajo sobre la técnica del análisis infantil, y a Karl Abraham.
Abraham, presidente de la Sociedad Psicoanalitica de Berlin, la invita a trabajar en dicha ciudad. Klein se traslada junto a Erich.
En 1921 se concreta el divorcio de Melanie y Arthur.
En 1922 Klein se convierte en miembro asociado de la Sociedad Piscoanalitica de Berlin (en ese mismo año, Anna Freud se convierte en miembro de la Sociedad Psicoanalitica de Viena).
Un año después pasa a ser miembro pleno de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín.
A comienzos de 1924 Klein inicia su análisis con Abraham, el que va a continuar hasta la muerte del mismo en diciembre de 1925.
[editar]Aportación teórica
Ese período es sumamente productivo, expone por primera vez ante un congreso "La técnica del análisis de niños pequeños" en el 8º Congreso de Psicoanálisis Internacional, en Salzburgo, cuyo presidente es Abraham. Ernest Jones escucha su ponencia con sumo interés. Es también durante 1924 que presenta ante la Sociedad de Viena el trabajo "Principios psicológicos del análisis infantil" y, a fines de ese año, "Una neurosis obsesiva en una niña de 6 años"(Erna) en la Primera Conferencia de Psicoanalístas Alemanes, en Wurzburg.
Conoce a Alix Strachey, analizanda de Abraham, la que se interesa en sus teorías y colabora en traducir al inglés algunos de sus escritos. Es a través de su esposo, James Strachey, que los trabajos de Klein llegan a la Sociedad Británica, en la que la posibilidad del análisis de niños era debatida con mucho interés. En las actas de dicha presentación constan las críticas de Edward Glover.
En julio de 1925, Klein da seis conferencias en Londres durante tres meses, invitada por E. Jones. Abraham ya estaba enfermo y había suspendido sus análisis por un período indeterminado. Es bien recibida y, entre otros, conoce a Susan Isaacs.
Luego de la muerte de Abraham la oposición a las teorías kleinianas en la Sociedad de Berlín se intensifican notoriamente. Otro factor que se agrega a la desaparición de su mentor es un episodio que repercute desfavorablemente en la aceptación de la indagación profunda del inconsciente del niño: Hermine Hug-Hellmuth, directora del Centro de Orientación Infantil de Viena, es asesinada por un familiar de 18 años, al que élla había aplicado su técnica cuando pequeño. Este caso tiene amplia repercusión publica.
Finalmente Klein decide dejar Berlín y en septiembre de 1926 llega a Inglaterra, invitada por Ernest Jones durante un año, a fin de analizar a sus hijos y a su esposa. Erich llega a Londres al poco tiempo, Hans está bajo la custodia de su padre y permanece estudiando en Berlín. Melitta se ha casado con el Dr Walter Schmideberg y estudia en la Universidad de Berlín. E. Jones, presidente de la Sociedad Británica y gran impulsor del psicoanálisis, se interesaba en la aplicación del análisis a los niños desde 1920.
En marzo de 1927 Anna Freud habla de la técnica del análisis infantil ante la Sociedad de Berlín, en clara oposición a Klein. La contribución escrita enviada por ésta, quien aún pertenece a dicha Sociedad, no se hace circular. Anna publica "Einfuhrung in die Technik de Kinderanalyse". En mayo del mismo año Jones organiza un simposio sobre análisis infantil entre los miembros de la Sociedad Británica. La tensión existente Londres-Viena es notoria en la correspondencia entre Freud y Jones.
Del 4 al 18 de mayo de 1927 tiene lugar el Simposio, en el cual se exponen los principales temas de la polémica entre el grupo británico y el vienés. Este acontecimiento puede considerarse fundacional respecto a la extensión del campo del psicoanálisis a los niños.
El 2 de octubre de ese año Klein es elegida miembro plenario de la Sociedad Británica. El período 1928-39 es el más productivo en la vida de M. Klein.
En 1930 Melitta, ya graduada, se radica en Londres y su participación en la Sociedad se hace intensa. Convive con su madre hasta que Jones logra que Schmiedeberg entre a Inglaterra dos años más tarde.
En 1932 se publica "El Psicoanálisis de niños", la obra más importante publicada por un miembro de la Sociedad Británica hasta el momento, en esta obra formula dos conceptos importantes en su teoría: la posición esquizo- paranoide y la posición depresiva.
Desde la perspectiva psicoanalítica de Melanie Klein, el desarrollo personal se concibe como enriquecimiento de la personalidad que se refiere a la superación de etapas tempranas de la niñez (que pueden volver a surgir en la vida adulta), la superación de los conflictos que estas etapas conllevan, como la ansiedad, culpa, envidia y logro de la gratitud, alcanzar el equilibrio con el mundo psíquico interno y el mundo externo, y desarrollar la capacidad de disfrutar de las cosas y llevar relaciones gratificantes de amor con los otros.
De estos estadios tempranos, dos son los que mayor importancia tienen en la vida según Klein. El primero es la posición esquizo-paranoide que se desarrolla durante los primeros 3 a 4 meses de vida. Según Klein los seres humanos poseemos dos instintos básicos, el de vida o amor y el de muerte u odio, debido a la lucha que se produce entre estos dos instintos y el sentimiento de ansiedad persecutoria que se produce en el niño, producto del miedo de que este impulso agresivo le cause daño, el niño lleva a cabo procesos de escisión, en que el odio y la ansiedad se proyectan hacia el primer objeto de relación que posee, que es el pecho de la madre, que pasaría a ser el pecho malo, y los sentimientos de amor se proyectan en el pecho gratificador bueno (Klein, M. 1988). Luego de esta proyección, el pecho bueno y el malo son introyectados en la psiquis del niño, por lo que el yo está muy poco integrado, pues posee contenidos separados. Esta proyección y posterior introyección colaboran a que la ansiedad persecutoria vaya disminuyendo, pues el niño se siente más seguro con un pecho bueno que lo ampare, pero a la vez tiene un pecho malo, que lo persigue y persiste el miedo a la aniquilación del yo. De esta intereacción entre los 4 - 6 meses se van integrando los impulsos, y la madre ya no es vista en forma escindida, sino que se incorpora como un objeto total, pasándose a la posición que Klein denomina depresiva, en la que debido a esta integración del objeto y el yo se experimenta culpa, pues el niño siente que el objeto amado ha sido dañado por sus propios impulsos agresivos; y por lo cual trata de reparar el objeto dañado. "El sentimiento de que el daño hecho al objeto amado tiene por causa los impulsos agresivos del sujeto, es para mí la esencia de la culpa. El impulso a anular o reparar este daño proviene de sentir que el sujeto mismo lo ha causado, o sea, de la culpa. Por consiguiente, la tendencia reparatoria puede ser considerada como consecuencia del sentimiento de culpa". (Klein, 1988. 45pp).
Se realiza el 12º Congreso Internacional de Psicoanálisis, en Wiesbaden, el último realizado en Alemania antes de la guerra y el único al que no asiste Klein; esto evita enfrentamientos con Ferenczi quien apoya a la escuela vienesa. Ferenczi muere en 1933 y ese año marca el comienzo de una época difícil en la vida de Klein. Melitta es elegida miembro pleno de la Sociedad y comienza un análisis con E. Glover. A partir de este momento se va generando una fuerte oposición de ambos a las teorías y la persona de Klein que va a tomar proporciones desmesuradas dentro de la Sociedad Británica, generándose un largo período de intensas disputas y fragmentaciones partidarias.
En abril de 1934 muere el segundo hijo de Klein, Hans, en un accidente. Esto la afectó muy intensamente. En ese año se nacionaliza inglesa, siendo esto posible por su pasaporte sueco. En 1935 se inician las conferencias de intercambio entre Londres y Viena. Anna Freud publica "El Yo y los mecanismos de defensa" (se publica dos años más tarde). En esa época comienza el período de cinco años en los que Donald Winnicott supervisa con Klein.
En 1937 se publica "Amor, Odio y reparación", de Melanie Klein y Joan Riviere. En esa época nace Michel, su primer nieto, hijo de Eric y su esposa Judy (Diana nacerá en 1942). Eric cambia su apellido por Clyne.
La preguerra intensifica las dificultades de los analistas continentales e incrementa el éxodo, comenzado en 1933 tras el incendio del Reichstag y que se dirige principalmente hacia Inglaterra. La Sociedad Británica y E Jones en especial se ocupan intensamente de la situación de los analistas continentales; que 1938 constituían un tercio de la Sociedad.
El 11 de marzo de 1938 Alemania invade Austria, el 6 de junio Freud llega a Londres. Klein le hace llegar una carta de bienvenida en la que expresa su deseo de verlo, a lo que Freud responde con una nota breve de agradecimiento, expresando que espera verla en un futuro próximo. Este encuentro no se realiza nunca. El 3 de septiembre de 1939 se declara la guerra y veinte días después muere Freud. Klein se encuentra ya en Cambridge con Susan Isaacs y al año siguiente se instala en Pitlochry, donde tiene lugar el análisis de "Richard" en 1941.
En ese período Jones se retira al campo y E. Glover pasa a ocupar el primer lugar en la Sociedad Británica. En septiembre del '41 Klein regresa a Londres. A las polémicas en relación a puntos de la teoría se sumaban discusiones en relación a las condiciones de formación y al manejo político de la Sociedad.
En la reunión anual del 29 de julio de 1942 se acuerda realizar un encuentro mensual dedicado a la discusión de las diferencias científicas y se forma una comisión para armar el programa: Glover, Brierly y J. Strachey.
Las reuniones comienzan en octubre de ese año y se extienden a lo largo de dos años, se las conoce como las Controversias.
Klein expone su última contribución a las Controversias el 1 de marzo de 1944: "La vida emocional del niño" (nunca publicado). En ese momento Glover ya ha renunciado y poco después Melitta se traslada a EE.UU., donde se dedica a tratar delincuentes y toxicómanos.No volverá a verse con su madre hasta el 16º Congreso Psicoanalítico Internacional, en Zurich, 1949. En esa oportunidad no se hablan; de hecho nunca se reconcilian aunque hay varios indicios del profundo dolor que esto ocasiona a Klein.
Este Congreso es sumamente importante; en él es notorio el peso de los analistas norteamericanos, al punto que Jones es reemplazado en la presidencia de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA). por el psiquiatra Leo Bartemeier, luego de 17 años de ocupar la presidencia. Klein vive esto como un triunfo del annafreudismo, aunque en el congreso también están los latinoamericanos que habían ido a formarse a Londres. Se encuentra con Jacques Lacan, cuyas teorías no le interesan pero sí su apoyo para la difusión de sus ideas en Francia. Acuerdan que él traducirá "El psicoanálisis de niños" al francés, lo que finalmente no se concreta y la obra de Klein aparece en las ediciones PUF en 1959, colección dirigida por Daniel Lagache.
Se edita un número especial del International Journal of Psicho- Analysis dedicado a los 70 años de Klein.
El 1º de febrero de 1955 se funda la Asociación Melanie Klein: "...asociación que se ha formado para defender mi obra en el futuro" (Carta a Paula Heimann). P. Heimann renuncia a la Asociación Melanie Klein a fines de noviembre de ese año, luego de que la misma Klein se lo solicita. Se distancian a raíz de las teorías de Klein sobre la envidia primaria.
Esta última década fue sumamente difícil para Klein a causa de la fuerza que tenían sus opositores. Al año siguiente D W Winnicott es elegido presidente de la Sociedad Psicoanalítica Británica. En 1957 se publica "Envidia y gratitud".
[editar]Fallecimiento
E. Jones muere en 1958, a los pocos meses de publicado el último tomo de su obra "Vida y Obra de Sigmund Freud". Klein queda muy apenada y reduce sus actividades, estando además aquejada de osteoartritis progresiva. Posteriormente se le declara una anemia y finalmente le detectan un cáncer de colon. La operan a principios de septiembre de 1960, pero sufre complicaciones y finalmente muere el 22 de septiembre de 1960.
[editar]Obras completas

Volumen 1 - Amor, culpa y reparación (Traducción: Hebe Friedenthal, Arminda Aberastury y Adolfo Negrotto. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1990. ISBN 84-7509-569-0)
Volumen 2 - El Psicoanálisis de niños (Traducción: Arminda Aberastury. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1987. ISBN 84-7509-454-6)
Volumen 3 - Envidia y gratitud (Traducción: V.S. de Campo, S. Dubcovsky, V. Fischman, H. Friedenthal, A. Koremblit, D. Liberman y otros. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1988. ISBN 84-7509-482-1)
Volumen 4 - Relato del Psicoanálisis de un niño (Traducción: Isabel Luzurriaga de Lamana. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1990. ISBN 84-7509-571-2)
[editar]Véase también

Donald Winnicott
[editar]Referencias

La versión inicial de este artículo proviene de Vida y Obra de Mélanie Klein
[editar]Bibliografía

Arnoux, Dominique J. (2000). Melanie Klein. Madrid: Biblioteca Nueva. ISBN 84-7030-885-8.
Bleichmar, Norberto M. & Leiberman de Bleichmar, Celia (1997 (reedición 1999)). El Psicoanálisis después de Freud. Teoría y clínica. Con la colaboración de Silvia Wikinski. México: Editorial Paidós. ISBN 978-968-853-351-2.
Fendrik, Silvia (2004). Psicoanalistas de niños: la verdadera historia (1) Melanie Klein y Anna Freud. Buenos Aires: Editorial Letra Viva. ISBN 987-9065-46-8.
Grosskurth, Phyllis (1990). Melanie Klein. Su mundo y su obra. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica. ISBN 978-84-7509-640-7.
Hinshelwood, R. D. (1992 (2ª edición 2004)). Diccionario del pensamiento kleiniano. Traducción: José Luis Etcheverry. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores. ISBN 978-950-518-107-0.
Klein, Melanie (1984). Psicoanálisis del desarrollo temprano. Barcelona: Ediciones Paidós. ISBN 978-84-7509-251-5.
Kristeva, Julia (2001). El genio femenino 2. Melanie Klein. Buenos Aires: Paidós Argentina. ISBN 950-12-3809-1.
Meltzer, Donald (1990). Desarrollo Kleiniano. Spatia Edition. ISBN 978-950-99558-0-6.
Segal, Hanna (1965 (2002)). Introducción a la obra de Melanie Klein. Traducción: Hebe Friedenthal. Barcelona: Editorial Paidós. ISBN 978-84-7509-055-9.
VV.AA. (2003). Las controversias Anna Freud-Melanie Klein (1941-1945). Madrid: Editorial Síntesis. ISBN 84-9756-000-0.
VV.AA. (1997). Melanie Klein para principiantes. Buenos Aires: Errepar. ISBN 987-9065-46-8.
[editar]Enlaces externos

Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Melanie Klein.
The Melanie Klein Trust (en inglés)
Obras completas de Melanie Klein en línea
Klein en Portalpsicologia.org
Melanie Klein: Vida y obras, en Psicomundo
Melanie Klein en Antroposmoderno
Vicisitudes de la polémica de Anna Freud y Melanie Klein. Guillermo Delahanty
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falacias lógicas

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Cambio de tema
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Las falacias en esta sección cambian de tema para discutir sobre la persona que emite el argumento en vez de sobre las razones para creer o no en la conclusión. Aunque en algunas ocasiones citar autoridades es útil, casi nunca es apropiado discutir sobre la persona en lugar del argumento.

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1. Ataque personal (argumentum ad hominem)
Definición:

Se ataca a la persona que presenta el argumento y no al argumento en si. Esto toma muchas formas. Por ejemplo, el ataque puede basarse en la personalidad, la nacionalidad o la religión de la persona. O puede que se haga notar lo que la persona podría ganar en caso de un final favorable. O, por último, por asociación, o según a quienes frecuenta.

Hay tres formas principales de ataques personales:


Ad hominem (abusivo): en lugar de atacar el argumento se ataca a la persona que lo emite.
Ad hominem (circunstancial): en lugar de atacar la aseveración el autor señala la relación entre la persona que la emite y sus circunstancias.
Ad hominem (tu quoque): en esta forma de ataque se hace notar que la persona no practica lo que predica.

Ejemplos:


Dices que Dios no existe, pero solo lo dices para estar a la moda (ad hominem abusivo).
Debemos descartar lo que dice el Premier Klein sobre los nuevos impuestos porque a él no lo afectará el alza (ad hominem circunstancial).
No podemos aceptar los argumentos de Share B.C. porque están financiados por la industria maderera (ad hominem circunstancial).
Dices que yo no debería beber, pero tú no has estado sobrio ni un solo día en más de un año (ad hominem tu quoque).

Prueba:

Identifique el ataque y demuestre que ni la personalidad ni las circunstancias de la persona tienen nada que ver con la verdad o falsedad de la proposición que se defiende.

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2. Apelación a la autoridad (argumentum ad verecundiam)
Definición:

Aunque algunas veces puede ser apropiado citar a una autoridad para apoyar un punto, muchas veces no lo es. Apelar a una autoridad es particularmente inapropiado si:


La persona no está qualificada para emitir una opinión de experto en el asunto.
Las autoridades en el campo no están todas de acuerdo.
La autoridad citada estaba gastando una broma, estaba borracho o de alguna forma no hablaba en serio.

Una variación de este falso recurso a la autoridad es la cita "de oídas", en la que se apela a una segunda o tercera fuente de la autoridad.

Ejemplos:


El Dr. Frasier Crane, conocido psicólogo, recomienda la bañera "Reposo Caliente".
El economista John Kenneth Galbraith sostiene que una política monetaria austera es la mejor cura para la recesión. (Aunque Galbraith es un experto, no todos los economistas están de acuerdo en este punto).
Vamos camino a la guerra termonuclear. La semana pasada Ronald Reagan anunció que empezaría a bombardear Rusia en cinco minutos (en realidad lo dijo de broma probando un micrófono).
Un amigo escuchó en las noticias el otro día que Canadá le declarará la guerra a Serbia. (Esto es "de oídas", de hecho lo que dijo el locutor es que Canadá NO le declararía la guerra).
El "Ottawa Citizen" informó que sus ventas habían aumentado en un 5.9 por ciento. (Esto es "de oídas" porque no tenemos forma de verificar las fuentes de la publicación).

Prueba:

Demuestre que o (1) la persona citada no es una autoridad en el campo o (2) hay desacuerdo entre las autoridades sobre el asunto en cuestión.

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3. Autoridades anónimas
Definición:

No se da el nombre de la autoridad en cuestión. Ésta es una forma de apelación a la autoridad porque al no conocerse el nombre de la autoridad es imposible saber si es un experto en el campo. Sin embargo dado que la falacia es tan común merece una atención especial.
Una variante de esta falacia consiste en apelar a rumores. Puesto que normalmente la fuente del rumor es desconocida, no podemos determinar si el rumor es creíble. Muy a menudo se inician rumores falsos y dañinos para desacreditar al oponente.

Ejemplos:

Un funcionario del gobierno dijo hoy que mañana se presentará una nueva ley sobre armas de fuego.
Los expertos están de acuerdo en que la mejor forma de evitar la guerra nuclear es preparándose para ella.
Se dice que el Primer Ministro declarará una nueva fiesta en octubre.
Prueba:
Señale que al no conocerse la fuente de la información no hay forma forma de verificar la validez de la misma.

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4. Más estilo que substancia:
Definición:

La manera en que se presenta el argumento (o a su defensor), se toma como apoyo de que la conclusión es cierta.

Ejemplos:


Nixon perdió el debate presidencial debido al sudor en su frente.
Trudeau sí que sabe movilizar a las masas, así que debe de tener razón.
¿Por qué no tienes en cuenta los consejos de ese joven tan bien vestido?

Prueba:

Aunque es cierto que la forma en que se presenta un argumento influirá en que la gente lo crea o no, la verdad de la conclusión en sí misma no depende de la manera en que se presenta el argumento. Para probar que se comete una falacia demuestre que el estilo no prueba la veracidad o falsedad de la conclusión.

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jueves, 14 de octubre de 2010

Henry Bergson, alma y cuerpo

Henry Bergson, el alma y el cuerpo

servido por  virginiawoolf 11 agosto 2009 9 comentarios


Henry Bergson fue uno de los filósofos que más influyó en Virginia Woolf y en el grupo de Bloomsbury, al que pertenecían ella, a esa época que también englobaba a Freud, y a ese grupo, con otros intelectuales, como Wittgenstein y Russell. Quiero traer por eso algo aquí de la filosofía de Henry Bergson, es uno de los primeros intelectuales que se dan cuenta de que si ha habido algún error en la filosofía racionalista hasta los tiempos ha sido el de separar el alma y el cuerpo como si fueran cosas distintas y no lo son, aun sin caer en un materialismo reduccionista, porque este autor no hace eso, sino que busca conciliar ambos, ni siquiera Spinoza hizo eso con su mecanicismo universal, no, no es eso. Y Virginia Woolf toma la infuencia y la dirección de esta autor que no desprecia para nada el cuerpo, ni la sensualidad, ni las formas del cuerpo, sino que todo confluye como iremos viendo a partir de ahora, presentamos a este autor que influyó en Virginia, como también traeremos a otras filósofas mujeres en quien esta autora influyó también.


~



"Al lado del cuerpo que está confinado al momento presente en el tiempo y limitado al lugar que ocupa en el espacio, que se conduce como un autómata y reacciona mecánicamente a las influencias exteriores, captamos algo que se extiende mucho más allá del cuerpo en el espacio y que perdura en el tiempo, algo que reclama o impone al cuerpo movimientos ya no automáticos y previstos, sino imprevisibles y libres: eso que desborda el cuerpo por todos lados y que crea actos recreándose a sí mismo continuamente es el “yo”, es el “alma”, es el espíritu -siendo precisamente el espíritu una fuerza que puede sacar de sí misma más de lo que contiene, devolver más de lo que recibe, dar más de lo que tiene. Esto es lo que creemos ver. Tal es la apariencia."

~

Henry Bergson, El alma y el cuerpo, Conferencia pronunciada en Foi et Vie en 1912.



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9 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo virginiawoolf 11 agosto 2009 | 11:32 AM
Ultimamente os tengo que decir que yo he visto hombres muy inteligentes que pierden la cabeza por las mujeres, y que no razonan nada cuando están con ellas.

No sé si leyeran un poco de esta filosofía si se curarían algo.
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lo dijo joan 11 agosto 2009 | 11:43 AM
esperaremos a ver que más se asoma a esta ventana de luz. No creo que se curaran, este texto más bién les excusa, y mal leido antepome el espiritu al pensamiento.
un abrazo, me voy pensado, seguro que lo comento otra vez más adelante
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lo dijo Luz Marina 11 agosto 2009 | 1:48 PM

" si ha habido algún error en la filosofía racionalista hasta los tiempos ha sido el de separar el alma y el cuerpo como si fueran cosas distintas y no lo son, aun sin caer en un materialismo reduccionista ".

No se como se concibe eso, pues al fin y al cabo, el uno es extensión de la otra, es decir, el cuerpo existe, por la existencia del alma y por ende influyen notablemente en ésta y viceversa.

Linda, ¿ como estas? . Hoy voy a ver como se agregan amigos, pues a veces cuando entro a LDA no te consigo y no puedo ver como hacerlo para comentarte. Saludes y cuidae mucho/ 
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lo dijo virginiawooolf 11 agosto 2009 | 10:45 PM
Llevo con la filosofía de Bergson horas y comprendo que es difícil, porque quizás lo que él llama las representaciones que nos hacemos de la realidad, por un idealismo, no puede excusar de la materia ni la mente en su extensión puede excusar de la actividad cerebral y del cerebro, en lo que tiene de función orgánica.

Pero necesito volver a este lenguaje para explicarme más cosas del mecanicismo humano, de la libertad, de lo que somos en suma, qué es esto de un cuerpo, y por qué no lo tratamos bien, por qué tanta locura. Seguiré por eso pensando.

Gracias joan y Luz Marina por venir, y espero que sí se pueda encontrar hoy día tal vez con mas claridad, con los modernos estudios de neurociencia, que mente, emoción y cuerpo todo está interconectado, aunque todavía queda esa oscuridad sobre el origen de la vida, y sobre eso querría tratar.

Luz Marina no te preocupes, espero te llegase mi email y pudieses comprobar el funcionamiento, si no dímelo y te lo vuelvo a poner.

un besito para los dos.
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lo dijo maparo55 13 agosto 2009 | 9:47 PM
Tampoco he leído nada de Bergson; pero el fragmento que nos traes de él, se observa muy interesante. Siempre es importante el ambiente, el espacio, la gente que rodeó o influyó a algún escritor de nuestra preferencia, para entender mejor los por qués de su obra. Un beso para ti.
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lo dijo Lady Byron 14 agosto 2009 | 1:50 AM
VirginiaWoolf,
Desde mi desconocimiento de Bergson sólo te digo que yo siento y presiento mi alma, que intento mostrarla siempre (aunque sea una temeridad) porque siento el cuerpo "cojo" si es lo único que los demás ven de mí...
(Nos ilustras, nos instruyes, qué gozada... 
Besos,
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lo dijo Exotérico 14 agosto 2009 | 3:19 AM
También suele ocurrir al contrario:mujeres muy inteligentes que pierden la
cabeza por hombres o por mujeres, dependiendo de su inclinación.Esto último le ocurría a Virginia con Vita.
En ninguno de los dos casos, queda claro cuál es la razón i las personas inteligentes se vuelven más estúpidas cuando están enamoradas o si,
por el contrario, las personas estúpidas nunca comprenderán a las inteligentes.Saludos
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lo dijo virginiawoolf 14 agosto 2009 | 10:58 PM
Bueno Vita no era una persona estúpida, era de la aristocracia, era una escritora, y poeta conocida, en ese momento se sabe que influyó en Virginia en su novela Orlando, que también habla de un cambio de sexo, en su personaje central, y juega con esas imágenes lésbicas o algo fuera de lo normal para ese tiempo, y en verdad, ambas pertenecían al grupo de Bloomsbury, yo creo que Vita era mucho más sofisticada que Virginia, y sí perdería la cabeza, es muy probable, pero no le hizo perder su talento, la prueba está en su novela, en que ella siguió cultivando su esfuerzo personal por el escribir, en Orlando ella también habla de lo que cuesta este esfuerzo, y más en una persona que lo tiene todo, tierras, posición, lujo. Tal vez todo esto le encandiló y hay mucha sofisticación, es cierto.

Bueno, lo digo para Exotérico, hay como un destino fatal; no sé si son contradictorios opuestos los que se atraen, dualidades que hay pero no dicotómicas sino complementarias, creo que hay también cierta necesidad, no es sólo azar, en buscarse, por eso surgen las aventuras, un affair fue solo al parecer lo de Virginia, lo dificil a veces es encontrar una estabilidad ante dos mundos diversos, pero siempre puede haber comunicación que es de lo que se trata.

Yo no sé si perder la cabeza, pero las personas digamos que son estudiosas pueden ser débiles con otras que no lo son, y por ello mismo todavía más las que son orgullosas, en este caso, caen en más errores tal vez, pero no creo que sea este tu caso Exotérico.

Y también Lady Byron, siempre tan sagaz y voluntariosa, te encuentro cada día más inspirada, gracias, amiga y a maparo le digo lo mismo.

Un besito a cada uno.
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lo dijo Exotérico 15 agosto 2009 | 1:45 AM
No pretendía señalar, ni mucho menos, que Vita fuera estúpida-está claro que
no lo era-Pero, si lo hubiese sido, eso na habría sido un obstáculo para que
Virginia se enamorara de ella, puesto que fue la primera persona que le hizo
descubrir intensamente su sexualidad.Y somos más esclavos de nuestros
instintos primarios de lo que nos gustaría reconocer:ese fue el gran mérito
de Lawrence que no tuvo otra solución que proclamarlo a gritos para que sus
relamidos coetáneos pudieran entenderlo.
Sin duda es palpable la influencia de Bergson en Virginia pero lo es todavía
más en Proust.Gracias por el besito.

ishtar dice:

Todo gira en torno de la entrada de la angustia en escena. El hombre es una síntesis de lo psíquico y lo corpóreo, pero una síntesis inconcebible cuando los dos términos no son unidos en un tercero. Este tercero es el espíritu...


no tenemos, sólo somos es, somo su cuerpo.



Es lo único que tenemos: la vida y acaso una remota posibilidad de saber la verdad. 

Pero hablar así del hombre y de la mujer en abstracto me huele a rancio, este hombre, esta mujer, se gustan o no se gustan, o estos dos hombres o estas dos mujeres, eso es lo único interesante, o por lo menos es lo único que me interesa a mí. -Quizá tienes razon, no sé si con ironía-. 

Hoy día nuestras cosas son cosas de mujeres, lo que le interesa al hombre son las mujeres más que nuestras cosas. 

El sexo del hombre está claro, visible, agente y ostentoso. Y su función también: su deseo y su oficio es penetrar. El sexo nuestro es pequeño, oculto y sobre todo doble: clítoris y vagina, actividad y pasividad, placer localizado y una especie de sexualidad total. 

En ese caso yo habría elegido ser lo que soy, mujer y autosexual. 

Lo peor es que ellos nos llevan ventaja en casi todo lo que es el sexo, es de eso de lo que yo estoy hasta el coño. El hombre crea y folla cuando se inspira, cuando está poseído. ¿Se necesita estar inspirada para eso? 

Yo soy mucho menos complicada, y más dócil, prefiero ser utilizada si es que me gusta la persona que me utiliza. Egoísta por pasiva y por activa. 

Pero hay algo mejor utilizar el hombre a nuestro modo, como un consolador, cuando creamos que es mas conveniente. 

No deja de ser un reto aceptable, aunque no sé si da resultado, como consolador el hombre es un poco rebelde suele tener mas fuerza que nosotras. El secreto está en saber utilizar esa fuerza en nuestro beneficio. Haciéndole creer que es en el suyo por descontado. 

Se necesita haber sido poseída, bien o mal . Tendríamos que llegar a la autoposesión, recuperar para nosotras ese pequeño y escondido espacio que el hombre avasalla, ese espacio interior. Tendríamos que conseguir encontrar en nuestro propio cuerpo la inspiración y el placer, al mismo tiempo. A mí no me ha resultado tan difícil, por eso os dije que yo era autosexual. 


Las mujeres eran más maduras, quizá más dominantes... Lo que hoy llamamos femenino era para ellas un defecto, ha habido tiempos en que los dos sexos eran a la vez pacíficos y femeninos pero también destructivos y masculinos. No creo que nosotras hayamos nacido en el mejor momento, ni en el más natural. 

Quizá porque hoy nuestros problemas son individuales, porque cada uno o cada una es un caso singular que cada uno o cada una tiene que resolver. 

Hasta hubo una época en que los hombres eran sensibles y delicados como mujeres, primorosos y desconfiados entre ellos; engalanados y presumidos, con largas melenas rizadas muy dados a conversar junto al fuego en invierno y a reír de cualquier cosa. 

Herodoto visitó Egipto y cuenta de los habitantes del Nilo que eran las mujeres las que compraban y vendían en el mercado mientras que los hombres tejían en casas. Las mujeres transportaban las cargas sobre los hombros; los hombres en la cabeza. Ellas orinaban de pie; ellos sentados o en cuclillas. 

Quiero decir entonces que hoy hemos inventado el psicoanálisis. O quizá algo peor. Nos hemos enfrentado unos y otras. -Qué redicha eres, hija mía-. 

La que tiene amor para dar que lo dé. Sin poner condiciones. Y el amor que se prolonga hasta la muerte es ya la muerte misma. Es el amante siempre: quien amaba es quien deja de amar. 

-Bebe, bebe, por lo menos, bebe. 

Porque el amor engaña siempre. Engaña, sobre todo, cuando dice la verdad. Quizá nace tan sólo con el fin de engañar... El sexo en cambio es elemental sencillo y evidente: él no sabe mentir... Salvo cuando las mujeres por dinero y también quizá por amor fingimos los orgasmos. 

O quizá es que el amor nace sólo para engañar si se pronuncia. El sexo, por el contrario, aparte de hablar poco, es natural, evidente, básico y obvio, él no sabe mentir, se nota cuando miente, se acepte o no la trápala. 

Ellos los infelices que confunden la erección con la pasión y la eyaculación con la salvación del alma... 

Sin embargo, esto no me agrada, preferiría que me pretendieran ellos pero no cualquiera, sólo el que yo quisiera. 

La guerra de los sexos es más una paz armada. 

El gran motor del mundo es, sin necesidad de hacerlo productivo ademas de gozoso, el sexo por sí mismo. Sólo su olor atrae a algunas mariposas hembras a kilómetros y kilómetros de distancia. Intuyen a los machos y los excitan contagiándoles las mismas feromonas que nosotros. 

domingo, 10 de octubre de 2010

Judith Butler

udith Butler
Judith Butler

Nacimiento 24 de febrero de 1956 (54 años)
Estados Unidos, Cleveland
Nacionalidad estadounidense
Ocupación filósofa, profesoraJudith Butler cropped.jpg
Judith Butler (24 de febrero de 1956, Cleveland –) es una filósofa post-estructuralista que actualmente ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica, Literatura comparada y Estudios de la mujer, en la Universidad de California, Berkeley, tras haber sido profesora en las Universidades de Wesleyan y Johns Hopkins. Esta teórica ha realizado importantes aportaciones en el campo del feminismo, la Teoría Queer, la filosofía política y la ética.
Autora de El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad (1990) y Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo (1993), ambos libros describen lo que hoy se conoce como Teoría Queer.
Una de las contribuciones más destacadas de Butler es su teoría performativa del sexo y la sexualidad. Tradicionalmente, el construccionismo social ya nos hablaba de la construcción del género, es decir, que las categorías femenino y masculino, o lo que es lo mismo, los roles de género son constructos sociales y no roles naturales. Pero Butler sobrepasa el género y afirma que el sexo y la sexualidad lejos de ser algo natural son, como el género, algo construido. Butler llega a esta conclusión basándose en las teorías de Foucault, Freud y sobre todo de Lacan. De este último parte al hablarnos de lo "forcluido", es decir, de aquellas posiciones sexuales que suponen un trauma el ocuparlas. Y ante el miedo a ocupar alguna de estas, el individuo se posiciona en una heterosexualidad falocéntrica, es decir, una heterosexualidad regida por la normativa del imperialismo heterosexual masculino en la que asumir la sexualidad hetero implica asumir un sexo determinado.La obra de esta teórica, por tanto, se caracteriza por llevar a cabo revisiones críticas de los posicionamientos teóricos de los feminismos esencialistas para pasar a hablar de identidades nómadas frente a aquellas fijas, así como para plantear nuevas formas de habitabilidad de los cuerpos en la paradoja que se crea entre lo que es la capacidad de acción del individuo y su formación y dependencia con respecto al poder. Lo que Butler, en definitiva, se propone, es la desnaturalización de conceptos como el sexo, el género y el deseo, en tanto que son construcciones culturales de normas que violentan a aquellos sujetos que no participan de las mismas. Para subvertir los conceptos que oprimen al individuo, se propone, como opción, la creación de actos performativos en torno a la identidad, es decir, una serie de prácticas paródicas en base a su teoría performativa que acaban creando nuevos significados y se reproducen más allá de cualquier sistema binario. Aparte de El género en disputa y Cuerpos que importan, Judith Butler también es autora de otros títulos, entre ellos Mecanismos psíquicos del poder (1997), El grito de Antígona (2000), Contingencia, hegemonía, universalidad (2000, diálogo a tres bandas con Slavoj Zizek y Ernesto Laclau), La mujer y la transformación social (2003), Vida precaria (2004) y Deshacer el género (2004).



Véase también

[editar]Enlaces externos

jueves, 7 de octubre de 2010

¿hay vida antes de la muerte? por Elsa Punset

ELSA PUNSET
¿Hay vida antes de la muerte?
ELSA PUNSET 01/05/2008
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"Mujer, 43 años, funcionaria, casada, dos hijos, vive en un piso alquilado en Madrid y conduce un coche de gama media". Con palabras grises como éstas solemos juzgar a las personas que nos rodean. Con poco más. No sabemos si esa mujer ama a su pareja o si se emociona con el canto del ruiseñor en las noches de verano. Menos aún: si es capaz de tocar la soledad que alberga el alma de las personas o si sueña con un refugio invisible en lo alto de una montaña. Las palabras con las que medimos a las personas dibujan un perfil social y económico que las hunden en el anonimato de las estadísticas. Son datos que no cantan, no bailan, no sueñan, no ríen. No dicen, realmente, nada que importe. Entonces, ¿por qué juzgamos y etiquetamos a los vivos en base a datos que podrían describir a los muertos?

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Al cerebro humano, que está programado para sobrevivir, le lastra el miedo

La evolución nos ha dotado de un cerebro para sentir y para pensar, un órgano asombroso que crea, ama y sueña. Pero somos imperfectos. Al cerebro humano le lastra el miedo. Programado para sobrevivir, observa desde su caja negra los peligros que le acechan. Y a diferencia del cerebro de otros animales, escudriña y teme también aquello que posiblemente podría ocurrirle: la muerte de un ser querido o la mirada del jefe que tal vez esté barruntando despedirnos. Atrincherado en su miedo a no sobrevivir, el cerebro nos tiende trampas para aliviar su soledad, para poblar de certezas su universo incierto y cambiante. A golpe de etiquetas dividimos el mundo en bueno o malo, es decir, en seguro e inseguro. Vivimos con la mirada del inconsciente fija en el código evolutivo heredado de los muertos: lejos de la manada, acecha la muerte. El desprecio de los otros nos aterra. Intentamos pertenecer al grupo, político, familiar o artístico, amparados al abrigo de las verdades de un ego colectivo que defiende un espacio seguro. Ulteriormente, los humanos tienden naturalmente a la justicia social y a la empatía, pero éstas se inhiben si el entorno y el cerebro así se lo aconsejan. No somos malos, somos obedientes porque tenemos miedo, aunque esa contradicción entre lo sentido y lo vivido crea más soledad y dolor del que siempre quisimos evitar.

En ese espacio grupal seguro, renunciamos a nuestro ser transparente, único y vulnerable, rechazamos enfrentarnos a las emociones que producen miedo y ansiedad. Disimulamos y evitamos hablar del dolor que alberga el mundo, aunque los expertos alertan del incremento espectacular de los trastornos mentales, con su séquito de sufrimiento, suicidios, maltratos y abusos, incluso entre los más jóvenes. ¿Por qué no somos capaces de ayudar a nuestros hijos a encontrar su lugar en el mundo? ¿No es suficiente distraerles con el consumo masivo y adictivo de placeres? Alimentamos con esfuerzo y rigor su cociente intelectual. Pero apenas educamos en el conocimiento de uno mismo, en la capacidad de desaprender aquello que nos lastra, en la expresión pacífica de la ira, en la capacidad de sentir y de escuchar al otro, de convivir. La creatividad y la inteligencia emocional se han convertido en nuestra sociedad en un don para unos pocos, en vez de una actitud vital para todos.

La conjunción de lo biológico con la revolución tecnológica augura un potencial insospechado al conocimiento. Reclamar el derecho a expresar de forma integral nuestro asombroso potencial intelectual, emocional y físico es uno de los grandes retos de este siglo, al que se enfrentan personas de ámbitos muy diversos. Sin distinciones inventadas, sin categorías infundadas y sin las etiquetas que nos roban del disfrute de la vida antes de la muerte.

Elsa Punset es autora de Brújula para navegantes emocionales (Aguilar, 2008).